Carta que no se envía, pero se guarda en el alma Por: Hilda Ruth Flores Muñoz Guatemala, 1 de junio de 2025 No sabía cómo llamarlo, pero ahora lo entiendo: fue ternura y complicidad. No fue promesa, ni deseo contenido, fue presencia. Fuiste palabra justa, mirada que entiende, silencio que acompaña. Y ahora que te vas, duele —sí, duele profundamente— no porque me aferre a ti, sino porque reconocí en ti algo verdadero. Gracias por ser guía cuando lo necesitaba, por estar, sin imponerte, por irte, sin herirme. Yo también he pasado por despedidas… pero esta tocó un lugar distinto. Te dejo ir, no sin lágrimas, pero con paz. Porque también aprendí que hay despedidas que no rompen nada: solo abren espacio para recordar con gratitud.
Amor y vida. El título está en alemán. Un idioma que muchos critican a priori por ser rígido, frío y muy estructurado, pero al aprenderlo se aprecia la armonía de su estructura y su intenso y a la vez sutil pronunciación. Una metáfora que concuerda conmigo.