12-12-2014
Por: Hilda Ruth Flores Muñoz
“He venido a decirle que ya no puedo seguir”, dijo él.
“Agradezco su honestidad, aunque lamento que sea tardía;
yo confié en Ud. “, respondió ella.
Ella guarda el obsequio que le había comprado.
No se atreve a entregárselo.
Se cierra el negocio.
Luego, un silencio largo e incómodo.
Miradas fijas.
Un beso de despedida.
La sensación de una daga atraviesa el corazón de ella.
No se sabe nada del corazón de él.
Ella llora toda la noche.
Una noche sumamente fría.
De madrugada, ella logra conciliar el sueño.
Pero despierta súbitamente.
Él ha publicado un poema sobre un corazón roto.
La vida continúa.
Sólo Dios y el tiempo dirán
qué negocios los harán coincidir.
Y si el sentimiento existió y persiste,
habrá que ver si serán capaces de dialogar
lo que alguna vez gritaron sus ojos.
Comentarios
Publicar un comentario