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El peruano

30-12-2012

Por: Hilda Ruth Flores Muñoz


Llegaste como una brisa refrescante.
Iluminaste mi visita a tu ciudad.
Me hiciste sentir bella, amada.
Me diste ternura, me hiciste reír.

Recuerdo tus rasgos varoniles, indígenas, tu cuerpo, tu voz, tu acento, tus bromas, tu inteligencia…

Me diste tanto y callaste dolorosamente…
¿Por qué mi amor?
¿Por qué dejar crecer un sentimiento?
¿Por qué no me enfrentaste?
¿Por qué no acudiste al final?
¿Por qué no te despediste de mí?

Me mostraste una Lima de ensueño,
la cual se perdió, al igual que tú.
Su mar olía diferente, su cielo se miraba diferente.
¿Qué le hiciste a Lima?
¿Qué le hiciste a mi corazón?

El despegar del avión fue el arrancar un pedazo de mi corazón,
que se quedó anclado,
con la esperanza de verte algún día.
un pedazo de mí se quedó esperándote.

Vestida de negro, llegué a mi destino,
a un nuevo paisaje y un nuevo camino.
Te dejé atrás en mi mente, pero no en mi corazón.
¿Viene de duelo? Preguntó alguien en el aeropuerto.

“Sí señor, he perdido a un gran amor”.

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