24-3-2013
Por: Hilda Ruth Flores Muñoz
Todo iba muy bien,
yo ya estaba instalada, no muy convencida,
pero añoraba verte cada día.
La ilusión de escuchar tu voz, de verte,
me arreglaba para ti.
Me acariciaba tu voz, tu trato, tus atenciones.
Tú ya estabas cediendo,
ya no me dejabas plantada,
me contestabas más a menudo,
me mirabas fijamente,
me hacías señas de ánimo,
pero…
¿por qué coqueteabas con otras?
¿Por qué no contestaste mis mensajes personales?
¿Por qué hiciste planes sin mí?
¿Por qué no cumpliste tu palabra?
Al final, te dije lo que sentía y
tú me heriste al mostrarme mis defectos.
Fue muy doloroso que a quien tanto amo,
me dijera en mi cara mis defectos…
Los cuales le son despreciables para ti.
Esos momentos fueron terribles.
Quería que me abrazaras, que me pidieras perdón.
Quería que te retractaras, que me llamaras.
Tal vez lo hiciste, cuando me dijiste:
no sé hablar, no tengo palabras, soy malo con las palabras.
Te voy a hacer enojar, te vas a ir.
Los dos sabíamos lo inevitable.
Los dos estábamos sintiendo la atracción.
Los dos estábamos solos.
Los dos nos entendíamos.
Pero los dos fuimos orgullosos.
Tú nunca fuiste claro, ni siquiera al final.
Tú me pediste compartir una aventura contigo.
Yo no quise una aventura, esperaba algo más de un gran amor.
Yo me fui, te herí.
Tú me dejaste ir, tú me heriste.
Fuimos indiferentes en nuestra despedida.
¿Sufrirías lo que yo?
Tú dices que soy sentimental,
pero nada que no se pueda manejar.
Lo arruiné, ¿verdad?
¿O no? ¿O no iba a funcionar de todas formas?
¿O lo arruinaste tú?
¿O lo arruinamos los dos al no ser sinceros a nuestros sentimientos?
El amor no teme y se atreve, es valiente.
Pero ambos estamos muy lastimados y no nos vamos a arriesgar.
Tal vez hubiera funcionado, o tal vez no.
Pero nunca lo sabremos, ya que se acabó.
Comentarios
Publicar un comentario